sábado, 13 de febrero de 2016

Un chador para Praxíteles




No es mucho lo que se conoce de la vida de Praxíteles, de la cual quizás el dato más sobresaliente es que prefirió el mármol en lugar del bronce para realizar las más excelsas esculturas del siglo IV a.C. de la antigua Grecia.

Sin embargo, siguió la escuela de sus mayores, plasmando una belleza juvenil y romántica en sus figuras preferidas: Eros, Afrodita, Hermes y aún los sátiros, brindándole a sus creaciones –mediante una leve sonrisa- una particular expresión en sus rostros. Algunos expertos han afirmado que Praxíteles “humanizó” sus esculturas logrando una transmisión de sentimientos, perceptible no sólo en la delicadeza del modelado de la anatomía, sino también en la plasticidad de los cuerpos que descansan, siempre, en un punto de apoyo.

Su obra “Afrodita de Cnido” ha sido su primer desnudo femenino, en el que representó a la diosa tomando como modelo a Friné, (quien se supone que era su compañera) y se conoce a través de la copia romana como “Venus de Cnido”, ya que el original no pudo ser conservado luego de un incendio acaecido en la época del Imperio Bizantino.

Dioses griegos llevados a la mitología romana, dioses con formas humanas y lo que es peor completamente despojados de túnicas o velos, dejando ver “sin pudor” senos y pubis.

Parece ser que estas magníficas esculturas que nuestra cultura occidental ha heredado de su cuna greco-romana, y que se exhiben en los Museos Capitolinos de Roma, se han convertido en “el mármol del escándalo” durante la visita oficial del presidente iraní a Italia, ocurrida durante la última semana de enero.

Como escribiera el catedrático Mario Vargas Llosa[1]: “Para no incomodar a su huésped, el presidente de Irán, Hasan Rohani, de visita oficial en Roma, el gobierno italiano mandó enfundar las estatuas griegas y romanas de los Museos Capitolinos -entre ellas, una célebre copia de Praxíteles- en púdicos cubos de madera. Y, añadiendo a la estupidez un poco de ridículo, la jefa de protocolo hizo desplazar los atriles y los sillones donde iban a conversar el primer ministro Matteo Renzi y su invitado, a fin de que éste no tuviera que topar nunca su mirada con los abultados testículos del caballo que monta Marco Aurelio en la única estatua ecuestre de la sala Esedra de aquel palacio museístico.”

Sin ánimo de pedantería ni de ser autoreferencial, traeré al presente el artículo de mi autoría “Negociación, protocolo y cultura”[2] el que, habiendo sido copiado varias veces, y divulgado como propio por otras personas, considero oportuno utilizar para este caso.

Allí expreso que: “El desarrollo de una sociedad y su cultura está definido entre otros por: los aspectos geográficos, la historia de las instituciones políticas, el desarrollo económico y la estructura social. Pero también se pueden observar cinco condicionantes primarios: la raza, la lengua, la familia, la religión y la patria.”

Y me pregunto: ¿Existe un protocolo del cual pueda entenderse como global o también como cultural? O será esto una redundancia teniendo en cuenta la naturaleza misma del protocolo. ¿Debería el negociador mimetizarse con la otra parte para no ser percibido como una amenaza sino como un aliado? ¿Debería acaso disfrazarse de lo que no es? O ¿debería ser él mismo?”

Existe una única respuesta: respeto por los códigos culturales. “En tanto y en cuanto demostremos abiertamente respeto por otra cultura, otros usos y otras costumbres, sabido es que se nos respetará de igual manera.” O al menos, se debería, de no mediar fundamentalismos hipócritas.

Así, no estoy de acuerdo de ninguna manera en realizar una verdadera claudicación cultural en nombre de 17.000 millones de petroeurosen contratos y negocios.

Es de destacar que el ministro de Cultura, Dario Franceschini, deslindó responsabilidades per sé y en nombre del premier Matteo Renzi. Cabe preguntar entonces ¿quién le indicó a la jefa de protocolo que ocultara las estatuas? Aquí se aplica una frase que aprendí en mis primeros años de estudio de Protocolo y Ceremonial: “siempre existe una bandeja de plata para colocar la cabeza del jefe de ceremonial”.

Quienes transitamos esta profesión, conocemos la importancia que tiene un equipo de avanzada, las negociaciones previas a una visita oficial de estado, y aquellos aspectos en los cuales, un país anfitrión, jamás cedería. Precisamente, una de las críticas recibidas por las autoridades italianas ha sido: "privilegiaron el interés económico por encima del legado cultural".

En el siglo XVIII el diplomático francés y secretario de gabinete de Luis XIV, François de Callières, recomendaba en su libro "Negociando con príncipes" a embajadores y ministros que negociaban en el extranjero "que debían adaptarse a los usos y costumbres del país donde se encontraren, sin mostrar repugnancia ni desprecio por sus habitantes, tal como suelen hacer algunos negociadores que elogian sin cesar la forma de vivir de sus propios países para así criticar en mayor grado a los otros."[3]

Diferentes presidentes iraníes han intentado hacer prevalecer sus costumbres por encima de las de sus anfitriones pero, no siempre han tenido éxito. Recuerdo que en octubre del año 2002, el entonces presidente iraní Mohamed Jatami, exigió respeto a los códigos islámicos durante su visita oficial a España.

En ese entonces, la Cancillería española y la opinión pública consideraron excesivas demandas tales como no estrechar la mano de la reina Sofía, ni de la ministra de Asuntos Exteriores (Ana de Palacio), ni de ninguna mujer sin importar que tuviera un alto rango.

La solución protocolar brindada por España fue simple y concreta: se canceló la cena de gala que ofrecerían los reyes, así como el almuerzo con José María Aznar y, con respecto a la etiqueta, las señoras presentes no cubrieron sus cabezas con un velo.

Fue el mismo presidente iraní que originó iguales conflictos protocolarios en Francia durante el gobierno del presidente Jacques Chirac, donde se limitó a saludar con una inclinación a la esposa del presidente francés y hubo cancelaciones de banquetes. En aquel momento, un vocero iraní se atrevió a expresar que "las comidas y ceremonias deben ser adecuadas a nuestras creencias religiosas".

Aun con este antecedente, a Hasan Rohani esta vez no le fue bien en Francia. El presidente François Hollande, se negó a modificar el menú de la comida que se ofrecería en el Palais de l'Élysée cuando se le exigió que se retirara el vino. No hubo vino pero tampoco agasajo.

Con acierto dice la escritora y periodista Hinde Pomeraniec[4]: “Se entiende que si alguien visita un país, se impone respetar y adecuarse a las normas pero no al revés: alterar los hábitos en casa propia por imposición de una visita, al extremo de lo sucedido en Italia, no sólo parece una desmesura sino que se asemeja a una concesión demasiado parecida a la humillación.”

En conclusión, la línea de acción asumida por el gobierno italiano, y como en realidad debería haberse procedido, puede ser resumida apelando a la sabiduría popular y al refranero que tanto se ha dejado de lado en algunas comarcas hispanoparlantes:

  • “Poderoso caballero, don dinero”
  •  “Adonde fueres, haz lo que vieres”

Edith Pardo San Martín
Especialista Universitaria en Protocolo de Estado e Internacional
Universidad de Oviedo y Escuela Diplomática de Madrid