domingo, 23 de agosto de 2015

Música: así como el Protocolo, ellos aseguran la armonía en sus mundos propios.



Lucía di Lammermoor



Tuve ocasión de escuchar y ver la espléndida entrevista a Renata Scotto, en  operaworld.es. Sus palabras me llevaron a volver a estudiar  una de las grandes óperas románticas del siglo XIX. Es Lucía de Lammemoor, la obra que ha recorrido el mundo desde su estreno en 1835.

Sabemos que The Bride of Lammermoor, de Sir Walter Scott sirvió a Salvatore Cammarano para brindar a Gaetano Donizetti el libreto de la ópera Lucía di Lammemoor. Scott era escocés y su obra toma los elementos característicos del romanticismo, el movimiento filosófico en el cual los derechos del corazón prevalecen y avanzan sobre los de la razón.  Por eso, Goethe afirmó que los románticos perdieron la confianza en la razón y establecieron que lo único verdaderamente valioso eran los sentimientos íntimos del hombre.  El amor, la soledad, el mundo interior de los protagonistas de una obra, los míticos países lejanos, los ensueños, la tristeza, la melancolía, la desesperación, la valoración del medioevo,  la muerte, la luna, entre otros temas,  están en las obras de Scott.

El romanticismo de Walter Scott se une maravillosamente a la concepción musical de Gaetano Donizetti. El sabe de libertad frente a la cosa hecha y se recrea en la melancolía para otorgar a sus personajes un hálito perdurable.      Los sentimientos sirven para que el músico los utilice para dar a cada uno algo así como una interioridad para poder vivir cada momento de su partitura.
 
La historia de Lucía di Lammermoor, dio a Donizetti ocasión para componer su ópera   sobre un libreto apasionante y profundamente romántico. Las emociones flotan en la música y conducen  a un mítico castillo escocés en el siglo XVI. Allí los Ashton y los Ravenswood junto a Lucía, Alisa,  Raimundo y Normanno vivirán un drama. Lucía es quizá uno de los personajes más difíciles de cantar porque se debe encarnar a una mujer joven frente a un amor frustrado.

El romanticismo vuela alto en manos de Donizetti. El se recrea en cada uno de sus personajes. Muy descriptivo y como uno más en medio de un castillo, acercará a  todos  a los ideales  románticos próximos al amor y a la muerte. Lucía  es una de las óperas más representadas en el mundo y su acción transcurre durante el reinado de Ana de Gran Bretaña.

La ópera posee un preludio en el cual las cuerdas permanecen silenciosas hasta que toda la orquesta estalla. Cuando la protagonista canta ´Regnava nel silenzio,`  se abre el drama. Por lo general, cuando se representa esta obra, el público está pendiente del canto de Lucía. Para ella el compositor le dedicó pasajes de bravura. Son importantes aunque  bueno es recordar que todo su canto es la manifestación del alma de una muchacha. Todo tiene una respuesta como también lo poseen las notas que deben salir de Gilda en la ópera verdiana. Hay quienes opinan que representan lágrimas, alegría o desazón y también la intimidad de un alma.

Lucía Ashton –Lucy Ashton, de Scott- debe trasmitir amor, esperanza, éxtasis. Por eso, muchas veces se separa la escena de la locura del resto de la ópera. Fue cantada por primera vez por Fanny Persiari y su nombre inicia el tiempo de los cambios  que se fueron sucediendo. Recordemos que cuando Lucía pierde la razón, es la flauta quien la acompañará en su derrotero. Sin embargo, hasta Nellie  Melba -1861-1932- se permitió hacer una improvisación sin la flauta.  En otra ocasión, después de haber encarnado a Mimí en Chicago, volvió a salir  a escena para cantar la ´scena della  la pazzía`. Entre los recuerdos está el de Giuseppina Strepponi. Ella fue, con el tiempo, la segunda esposa de Giuseppe Verdi y cantó Lucía en el teatro alla Scala en 1839.

En la “Historia de la música y de sus intérpretes” es posible conocer los nombres de muchas sopranos que cantaron Lucía. En nuestros tiempos sobresalen María Callas y Joan Sutherland. La primera redescubrió a Lucía. Su registro  de soprano sfogato le permitió adentrarse en el personaje magistralmente. En tanto Sutherland brilló con luz propia en el mismo personaje.

Después de haber vuelto a estudiar Lucía, no comprendo cómo sopranos muy jóvenes cantaron un personaje tan complejo de interpretar en los siglos XIX y XX.  No se trata de hacer comparaciones sino de sentar las bases necesarias para que una cantante pueda cantar Lucía. Me han contado, por ejemplo, que aquí en Buenos Aires, el público se conmovió cuando Lily Pons se arrojó al suelo  para recoger y besar el anillo matrimonial. Sin embargo, las versiones registradas en otros tiempos poco aportan, en mi opinión, frente a los adelantos tecnológicos actuales…

Renata Scotto en la entrevista citada al principio de esta nota, habla sobre “il cantare bene”. Con la autoridad de una grande, ella hace comprender cómo se deben interpretar en la ópera tanto las palabras como la música, cómo se trasmiten las emociones y cómo se plasma la música y el libreto de una obra.

Roberto Sebastián Cava