martes, 21 de julio de 2015

No son temas de Protocolo ni de Ceremonial pero…



En algún país de habla inglesa se acuñó la frase de “good manners” (buenas maneras). Son las formas de comportamiento humano y llama la atención su adjetivación. Cuando una niña aprende a comer una fruta se trata de algo bueno. En cambio los hábitos malos, por desgracia, se incorporan de manera natural.

Siempre he considerado que las mujeres y los hombres al alimentarnos, lo humano que aportamos es la dignificación de una tarea propia de animales. Ellos se alimentan y nosotros, en cambio, comemos. Comer educadamente no exige esfuerzo. Todo aquello que se ha adquirido es un hábito bueno, viene  de gente en gente y de buena mano. Con su ayuda podemos comer en casa y nos sentaremos también a la mesa tanto en las grandes ocasiones como en las cotidianas.

Cuando una madre enseña a sus hijos a utilizar los cubiertos, lo hará con prudencia e insistirá, una y otra vez, hasta comprobar que no trabajó en vano. Por eso tendrá en cuenta lo que ella aprendió de niña. Les dirá que con los cubiertos, no entrarán en una batalla y podrán comer con facilidad, y todo su empeño se transformará en delicadeza, en un comportamiento propio.

Cuando paso por sitios para comer, hago esfuerzos para poner límites a mi espíritu crítico. No comprendo porqué el “ir a la moda” deba hacer que personas adultas se comporten de manera inapropiada.  Está a la orden del día el llevar la boca al cubierto, y no los cubiertos a la boca.  Comer con elegancia es fácil y no es patrimonio de unos pocos.

Un boxeador famoso dijo con mucha gracia, que en el boxeo se es chato de nacimiento o lo hacen con el tiempo. Un antiguo refrán nos advierte: “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. Me permito añadir “al hombre y a la mujer también”.

Cuando elegimos un menú para unos invitados, no debemos ponerlos en ridículo con comidas raras y cubiertos de uso poco frecuente. Desciendo vertiginosamente al ejemplo de los espárragos y a sus famosas pinzas. Lucirán lindas en la mesa pero es más prudente presentar esos humildes vegetales de una forma práctica para todos.

El saludo es quizá otro de los grandes temas del “saber estar”. El saludo denota cortesía bien arraigada en las personas. Los especialistas en psicología buscarán explicaciones y nos las darán. Nosotros las dejaremos a un lado porque nos interesa que las personas se saluden con la corrección debida y no nos corresponde discernir si han sido afables, afectuosos, complacientes, distantes o fríos.

“Con buenas palabras y buenos modales se abren muchas puertas”, es el dicho de la   sabiduría sencilla, y encierra verdad. La prudencia en el momento de conversar es una regla de oro como también lo es el no tomar la palabra, es decir no interrumpir al que habla.

Roberto Cava