sábado, 25 de abril de 2015

Señor, ¿me deja su tarjeta?

Alguien ha afirmado categóricamente que “las tarjetas no se usan más”. Sin embargo y como no poseo intereses en imprentas locales o departamentales, pienso en aquellas personas que deben enviar un regalo de casamiento o expresar unas condolencias o no tienen a mano una tarjeta para entregar a quien se la solicita. No es cuestión de moda. 

Reconozco que hoy coexisten temas del comportamiento social junto a la cultura un poco generalizada del “O.K”, el teléfono inteligente, el whatsapp y todo lo del mundo digital. No obstante no es verdad que las tarjetas no se usen más.

Tiempo atrás, un alumno de un curso de Protocolo llevó a clase una tarjeta. Pensaba que se trataba de una “tarjeta personal” entregada por una señora extranjera. Al verla, advertí su error porque, en un trozo pequeño de cartulina, aparecían escritos nombres y apellidos, domicilio, teléfono móvil y correo electrónico.

Recordé lentamente el sentido de una tarjeta personal. De inmediato, los ojos asombrados de los alumnos los llevaron a buscar en los bolsos sus propias tarjetas. Comprobaron que eran tarjetas “profesionales” o “empresariales” como la que había acercado el compañero de curso.
La tarjeta personal, también llamada de visita, mantiene su vigencia. A lo mejor, les resultó extraño conocer algunas normas sobre el “tarjeteo” y el “tarjetearse”. No son normas antidiluvianas sino manifestaciones externas de la cortesía.

En la tarjeta “personal” o “de visita” figuran únicamente los nombres y apellidos de una persona. En la vida de relación juegan un papel importante. Se visita por tarjeta a un enfermo y también un diplomático conoce las reglas y sabe acercar la suya y la de su esposa en circunstancias concretas. Cuando mencioné lo de las visitas a un enfermo por tarjeta, asomaron las caras de sorpresa. Sucede que, a veces, una persona recién intervenida quirúrgicamente no puede recibir personalmente a sus amigos. Es entonces cuando, con delicadeza, se pasa por el sitio de internación para dejar una tarjeta personal o de visita. No se olvidará de escribir al dorso el nombre del paciente, cuando se entregue la misma a una recepcionista o enfermera. En estas tarjetas está de por medio el don de gentes y la educación de las personas. Sabido es que cuando estamos enfermos precisamos del sosiego.

Con estas sencillas tarjetas personales o de visita en las cuales aparecemos con nuestros nombres y apellidos, nos presentaremos en una casa, enviaremos obsequios, agradeceremos, felicitaremos y también daremos un pésame.

Existen las tarjetas personales o de visita y también las “de matrimonio”. En esta última los nombres y apellidos del marido van en una línea y los de la esposa debajo. Están también las “de novios”. Son las de personas con un proyecto de matrimonio a corto plazo. En este caso, los nombres y apellidos de la mujer van en la primera línea y debajo de ella los del novio. ¿Cosa extraña? Extraña cuando se desconocen estos usos sociales.

Pero volvamos a la tarjeta personal o de visita. Los años han pasado y, sin embargo, se conservan algunos usos. Las tradicionales siglas en francés son a veces cambiadas por las de nuestro idioma. No obstante, el empleo no puede ser desconocido. Así tenemos, entre otras, a “p.f ” (pour feliciter) para felicitar, “p.r.” (pour remercier) para agradecer, “p.c.” (pour condoléance) para dar el pésame.

Con la tarjeta personal o de visita y con la de matrimonio, es posible llevar a la práctica pequeños gestos externos. En estas tierras se utiliza también, para los regalos de casamiento un “a.a.” (agradecen atención). Además y de acuerdo a una moda, los esposos suelen agradecer especificando el obsequio recibido.

Vemos entonces cómo las tarjetas no han perdido vigencia. Claro está que me he limitado a comentar la llamada “tarjeta personal” o “de visita”. Junto a ella, las “profesionales”, las "comerciales”, las “empresariales”, las “oficiales” brindan siempre un excelente medio de comunicación entre las personas.

Roberto Cava De Feo
para EL OBSERVADOR