domingo, 29 de marzo de 2015

Algunas ceremonias peculiares

Pasa el tiempo y algunas formas sociales perduran en las ceremonias.  Sé que nuestra vida nos lleva a respetar  usos, tradiciones, actos  que nos vienen de  gente en gente y no pasarán de moda. Por eso no me andaré en titulillos porque en cada tierra su uso y en cada casa su costumbre, como  lo dice el refrán.

Aquí, en Argentina como en muchos países, no se vive reparando siempre en cosas de poca importancia. En materia de cortesía u otras semejantes ponemos la atención en determinados acontecimientos unidos a la institución familiar. Poseen solera y encanto.
He podido leer en revistas de otros tiempos el anuncio de los nacimientos de los  niños. .

Algunas veces se usó la palabra “advenimiento” y también se añadió a ella el adjetivo de “rosado” o “celeste”. Una crónica social menciona por ejemplo: “María  Mercedes es el nombre de la nueva nena que hoy alegra a un feliz matrimonio”. El término coloquial hace mención a una niña o un niño de corta edad.

Cuando la mortalidad infantil se paseaba a sus anchas y  entraba en los hogares,  se hablaba del “luto blanco”. La esquela dice entonces: “Hogar de duelo. Los esposos N. y N. están de luto blanco, porque ha fallecido un niño de siete meses”.

Unido a los advenimientos o nacimientos, resulta un poco sorprendente la referencia que se hace a la madre de los recién nacidos. Cuando una señora daba a luz,  la lista de enfermos de “Notas de sociedad” expresaba : “Guarda cama doña Antonia N., siendo su estado satisfactorio así como el de su hijo Faustino”. Esa expresión se reservaba únicamente para la maternidad.

Al nacimiento seguía la ceremonia del bautismo. Era en la intimidad aunque eran invitados también algunos parientes cercanos y amigos. Se vestía a los bebés de blanco con traje y capa de mayor importancia a la habitual. Era el “vestido de cristianar”, que se atesoraba en las familias por el valor que encerraba. Los padrinos de bautismo acostumbraban a hacer un regalo a sus ahijados y por otra parte la madrina se encargaba de aquellas  cajas inolvidables  de confites de colores para obsequiarlas  en nombre del bebé.

Subsiste la costumbre de los recordatorios o estampitas del bautismo. También se empleaban las tarjetas de matrimonio con una cinta celeste o rosada. Se les añadía una tarjeta más pequeña con el nombre del bautizado y la fecha de su nacimiento.

Por estas tierras, era el padrino quien ofrecía un almuerzo o el chocolate tradicional, por lo general en el salón de un hotel. En la actualidad el agasajo es más sencillo pero no  pierde la alegría propia de un acontecimiento familiar.

La visita oficial de un caballero a la casa de su futura esposa era anunciada socialmente. Leí lo siguiente: “En nuestros círculos sociales se anuncia que el Señor N.N. visitó oficialmente a la señorita N.N.”

Esa visita estaba precedida por la conversación entre el “festejante” y el padre de la futura novia. Los dos hombres hablaban a solas y si el padre encontraba satisfactorio el pretendiente, de acuerdo con su hija otorgaba el permiso correspondiente. El joven podía entonces “visitar” la familia y se establecían los días en que lo haría. Más adelante llegaría el compromiso.

En las normas jurídicas argentinas el compromiso no tiene el tratamiento de otras legislaciones extranjeras. Es un acto de carácter social, una ceremonia en la cual  dos personas se “comprometen” a contraer matrimonio. En tiempos pasados los padres del novio o un hermano mayor u otro pariente, hacían una visita a los padres de la novia. Ella no estaba presente, aunque aparecía un poco más tarde para saludar a su futuro suegro y a la prónuba de la boda. Era la “petición de mano”. Los novios intercambiaban anillos o alianzas. Este acto era  celebrado con un agasajo importante anunciado en los periódicos.

Las despedidas de solteros se mantienen en la vida social actual. Hace años se usaba la palabra “demostración”. Algunas costumbres norteamericanas han tenido arraigo aquí en los llamados “shower tea” para la novia. Muchos años atrás se acostumbraba a colocar un ramo  importante en la mesa de la demostración al futuro marido. El ramo  era llevado después a la casa de la novia. Con bienhumorado afecto eran así despedidos los dos de sus solterías.

En las sencillas ceremonias mencionadas no estaban ausentes las emociones. Había afecto, gozo y esperanza como podemos apreciar también en nuestros días. Son actos sencillos, dotados de buen gusto y mesura. Pasado el tiempo las imágenes conservarán la memoria  y hablarán de las alegrías vividas con ocasión de ellos.


Roberto Sebastián Cava