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lunes, 22 de febrero de 2016

Los organizadores de eventos y el Ceremonial



Mis estudios académicos de Protocolo y Ceremonial no aceptaban el término “evento”. Por eso me sorprendí, cuando observé que una institución muy seria ofrece la carrera de organizadores de eventos. Pronto advertí la interrelación necesaria entre quienes hacen eventos y los que estamos en el Ceremonial.


Evento era para mí un “acaecimiento”. Sin embargo el concepto actual en nuestro idioma español es mucho más amplio. Se trata de un suceso importante y programado, de índole social, artístico o deportivo. Su objeto es la vida misma.

El Ceremonial es una disciplina que tiene por finalidad facilitar la comunicación entre las personas reconociendo a ellas el lugar que ocupan en la sociedad. Así, los organizadores de eventos no pueden prescindir de nuestra disciplina. Ellos, ante un acto o ceremonia, deberán estudiar dónde se desarrollará, qué cantidad de invitados habrá y un sinnúmero de detalles que van desde la megafonía hasta la presentación correcta de las recepcionistas para una tarea imprescindible.

He participado en la confección de muchas ceremonias y sé que no hay dos iguales. Desecho la idea de la repetición, el “como siempre” y la falta de originalidad. En Ceremonial tenemos en cuenta el carácter de la ceremonia –sencilla o solemne-, la asistencia de autoridades, de invitados especiales y la ubicación del público. Hoy se cuenta con innumerables posibilidades para un evento y, con un poco de imaginación y sentido común es factible transformar una parte de la planta de una empresa en un espacioso salón.

El Ceremonial vendrá a colaborar con los organizadores de eventos. Si por ejemplo, se trata de un acto para celebrar un aniversario importante de un ente, somos nosotros quienes vamos a fijarnos en la posible ubicación de las banderas. Jamás pondremos el emblema comercial junto al pabellón nacional y ofreceremos las dos posibilidades de cesión de presidencia. Años atrás, la presencia del presidente de la República en una ceremonia académica fue objeto de una interpretación errónea. El Rector se ubicó en su sitial y puso a su derecha, al Presidente. También recuerdo que en el mismo ámbito, otro rector cedió su presidencia al ministro de Educación. Recordaremos siempre que una autoridad elegida por sufragio tendrá mayor precedencia que una designada. La presencia de un ministro nacional en un Departamento no hará cambiar de sitio al Intendente Municipal.

El Ceremonial no es caprichoso y aplicará las sabias normas nacionales e internacionales. Aunque pueda parecer correcto a los ojos del público, el miembro del directorio que sigue al presidente de una empresa no puede ser colocado como uno más en las filas de asientos. Aprendí, hace muchos años, que la justicia es la perenne voluntad de dar a cada suyo que no es lo mismo a dar a todos lo mismo. Eso me da mucha paz y sé que actúo bien.

Quizás los que estamos en Ceremonial podemos aportar nuestros conocimientos. En estos tiempos, cuando ya no existen los enfermos que se excusaban por no poder ir a una cena importante, tendremos que soplar a los organizadores alguna experiencia. Les diremos lo simpático que resultará si a una persona con régimen especial de comidas, le llega su plato igual al de los demás exteriormente  pero distinto en el contenido. ¿Cuesta más? Parecería que todo es cuestión de orden.


Los organizadores de eventos se desempeñan en todos los ámbitos. Si son conscientes de la trascendencia de su tarea, recurrirán al Ceremonial. Hace unos días asistí a la presentación de un seminario internacional. Cuando pasé al auditorio pude comprobar que todo estaba bien. Sin embargo, la mirada profesional se detuvo en las banderas. No entendí  la solución dada. En principio –eran en número par- estaban bien. Sin embargo la del Uruguay y la de Argentina estaban juntas. Pregunté y me dieron por respuesta: “Es que son países vecinos”. No es exactamente lo que nos dice la Convención de Viena de 1815. Los Estados libres e independientes son iguales sin importar su extensión geográfica, su población o su riqueza. Como las banderas estaban en número par había una solución para ello.

He tenido ocasión de conocer en el Universitario Crandon, la carrera de organizadores de eventos.  Allí, un grupo muy inteligente de estudiantes recibe una excelente formación. No pude expresar como Eliza en Pigmalion: “What´s this for?”, porque me había reconciliado con los organizadores. Pero para ser muy sincero, debo admitir que, en mi familia me reprochan el giro que ha tomado mi pensamiento. Lo compartirán pronto.


Roberto Cava De Feo
Especialista en Protocolo y Ceremonial

sábado, 25 de abril de 2015

Hablemos en serio sobre nuestra profesión



Quienes hemos hecho del Protocolo nuestra profesión habitual, sabemos bien que hemos elegido un camino y asumido también una propia condición. Con ella nos esforzamos por lograr “la excelencia”. Algunos dicen con fundamento, que ella es condición necesaria para que nos premie la felicidad.


Sé que la felicidad nace de la conformidad íntima entre lo que se quiere y lo que se vive. Algunos piensan que la felicidad es una ilusión, un imposible. Sin embargo el Protocolo da muchas satisfacciones cuando lo abrazamos y lo hacemos nuestro.

En nuestra profesión se dan los gestos y así saludamos, felicitamos, sonreímos, damos una bienvenida. A veces esa primera forma del lenguaje surge por generación espontánea. No me pongo trascendente si recuerdo las palabras de Heidegger al considerar además al silencio. El filósofo nos dice que nosotros somos lo únicos seres que hacemos del callar un gesto característico y afirma que “el silencio es un modo de hablar”

Algunas personas les agrada opinar sobre nuestras ceremonias. Para ellos deben ser lúdicas y sin interrupciones. Si en la música no hubiera silencios la armonía se rebelaría. Nosotros hablamos o hacemos hablar a otros siempre dentro de la sobriedad. Se menciona mucho a la Comunicación. Sabemos que las palabras poseen un significado y por eso procuramos que llegue a otros. Eso es comunicarse.

Tenemos también costumbres. De una manera sencilla ellas son gestos repetidos. Algunos se convierten en ritos. Las normas de cortesía son, de alguna manera gestos rituales: saludamos, nos levantarnos de un asiento, cedemos el paso.

El respeto a los símbolos no nos hace maniáticos. De alguna manera ellos materializan nuestra intimidad, lo espiritual. Entre los símbolos ocupan un sitio privilegiado las banderas de Estados soberanos e independientes. Ellas no son señales ni signos artificiales como no lo es la exhibición de la tarjeta roja que conlleva  la expulsión del campo de juego. En tanto, en el intercambio de anillos en la ceremonia de boda, la mutua entrega está allí simbolizada. Las palabras fuertes de la amonestación lo dicen todo: “Recibe este anillo que yo te entrego, en prenda de….”

En nuestras ceremonias hay mucho de simbología. Las acciones simbólicas no son cosas del pasado. Expresan realidades que están más allá de la lógica y de la utilidad. El público asistente a una ceremonia de “doctorado honoris causa” se admira ante la belleza de la simbología. El diploma, el anillo, el libro del saber, los guantes blancos, el birrete, albergan tradiciones de siglos y merecen respeto. 

A lo largo de la profesión he tenido que pergeñar muchas ceremonias, entre ellas varias de doctorados “honoris causa”. Con pena recojo un comentario poco oportuno de:¿“No le parece que se podría acortar un poco todo?”.  

 
 Secuencia de Ceremonia de entrega de Título de Doctor Honoris Causa

Vamos siempre a lo profundo y, sin embargo podemos jugar un poco como los niños. Ellos  juegan y no se inquietan por lo que ha de venir, porque desde su punto de vista han llegado.

La entrega de los premios Príncipe de Asturias, es un dechado de realización protocolar, es bueno considerar el tiempo de reflexión, las horas dedicadas y el trabajo de muchísimas personas que lo hacen posible. El Teatro Campoamor es el escenario para la fiesta y el desarrollo de la ceremonia exige la presencia del arte y del símbolo. En esa celebración festiva se elevan los sentimientos de las autoridades, los premiados e invitados hacia lo trascendente. 
 
Vista panorámica del Teatro Campoamor

 Roberto Sebastián Cava